jueves, noviembre 09, 2006

Lyon


Han pasado dos semanas desde la última vez que publiqué en el blog, y los reinicios siempre cuestan un poco más. Tema de inercias newtonianas.

Bien… fue un día jueves, más específicamente, el 26 de octubre, y tras una noche de preparativos: dejar lista la mochila, el equipo de foto y video, los infaltables sanguchitos… y el aseo hecho por una sana convivencia con una ausente dueña de casa (de viaje en Paris por enfermedad de un familiar)… que salí corriendo –como casi de costumbre- a tomar el tren rumbo a Marsella. Esta vez llevaba conmigo unos 25 kilos de equipaje, pero el ritmo de trote no podía permitir que llegara en más de 10 minutos el trayecto que normalmente hago en 20. Así es que sudando la gota gorda, nuevamente llegué a tiempo para comprar y “compostar” correctamente mi pasaje, y arribar a Marsella pasadas las 9 de la mañana.

Caminé hasta la boletería de la Estación de St. Charles, donde al poco rato apareció Camilo, mi partner chileno de estas incipientes aventuras vacacionales, y protagonista de mi documental de tesis. Tal vez valga la pena hacer una sinopsis de su historia en este momento: el papá de Camilo fue exiliado de Chile en la década del 70, por los lamentables problemas políticos que todos conocemos. Se marcha con su familia a Francia, donde una importante colonia chilena ha sido acogida en Chateaudun, pequeña localidad ubicada entre Chartres y Orleans, a poco más de una hora al sur-oeste de Paris.

Fue en esta ciudad, donde en 1981 nace Camilo, vive su infancia como un niño francés más, sabiendo poco y nada de la lengua de sus padres. Así transcurrió su vida, hasta que a principios de los 90 vuelve la democracia a Chile (aunque siga la dictadura del mercado hasta hoy en día), y su padre, añorando sus tiempos en Salamanca, decide retornar con su familia a Chile. Es 1994, Camilo tiene 13 años, una edad compleja y llena de cambios, y debe afrontar la escuela con un idioma que aprende a tropezones y soportando la burla de los compañeros.

Así continuó su vida, y con los años fue un chileno más, a tal punto que su manejo del español “chilensis” no deja sospecha de su origen extranjero. Totalmente integrado, hizo su carrera universitaria, egresa de Psicología y buscando como volver a Francia, encuentra el Programa de Asistentes de Español, el mismo que me trajo por estos lados y que nos permitió conocernos hace un par de meses. Era la mejor oportunidad de tomar contacto con las raíces después de 12 años de ausencia. Éste es el tema del documental… su historia y la experiencia de tener raíces en dos continentes… reencuentros y reflexiones sobre la identidad. Ser francés y chileno a la vez. O sólo uno… o ninguno.

Fue en los estudios de Psicología de Camilo, que pudo hacer un intercambio por un semestre en una universidad peruana. Ahí conoce a dos chicas francesas que estaban también por otro programa de intercambio, y teniendo en común la lengua, se forma una amistad que se mantiene en el tiempo. Una de ellas, Élodie, vive en Lyon, y será nuestra anfitriona.

Al encontrarnos con Camilo nos damos un fraternal abrazo, cosa que no abunda en este país. Los franceses son más de besos (si hay mucha confianza, incluso entre hombres), normalmente se saluda a una mujer con dos besos –uno por mejilla, como dice Sabina-, y en algunas regiones son incluso cuatro. Me quedo con el afecto chileno… un abrazo de corazón se siente más que cuatro besos.

Compramos nuestros pasajes: A Lyon nos vamos en un TER –Tren Expreso Regional-, el cual sólo anda a unos 150 km/h. Con eso llegaríamos a Lyon en algo más de 3 horas. También adquirimos el pasaje de Lyon a Paris para el sábado, esta vez en TGV, el tren ultrarrápido que viaja a algo más de 300 km/h. 99 euros me salió la gracia. Otro tanto desembolsaré para la vuelta. Más caro que viajar Santiago-Buenos Aires-Santiago en avión. Camilo tiene 25 años y puede adquirir una tarjeta de descuentos para jóvenes, con la cual pagará siempre mitad de precio en los trenes franceses. Por mi parte, a conformarme con mi condición de ser 100% adulto y por ende pagar 100% de casi todo.

A esperar algunos minutos, disfrutando este inicio con una cerveza… y a montar el tren. Este TER es grande y bonito. Los que van a Istres también son TER, pero como decía en otro reporte, parecen ser los más chicos y viejos, no muy distintos del bus-carril que va de Talca a Constitución.

Y partimos. Ya tenemos hambre y le damos el bajo a los sanguchitos. Conversamos y aprovecho la instancia para el documental: le pongo un micrófono lavalier (de solapa) a Camilo (lo afirma en sus anteojos, como se ve en la foto), y comienzo a rodar el video de esta distendida conversación.

Todos van callados en el vagón. Somos los únicos que conversan animadamente. Y muchos miran con extrema curiosidad quien será el famoso personaje que es entrevistado en una extraña lengua. En el asiento de atrás de Camilo va un viejo que está realmente metido en el cuento. Me mira... y mira a Camilo. Si fuera chileno, ya nos habría preguntado en qué canal va a salir esta emisión.

Y el resto del tiempo transcurre entre sueños ferroviarios. Pasan las 3 de la tarde y el tren llega a su destino. La estación es grande, más que la de Marsella. Buscamos la entrada al Metro. Un francés nos trata de vender la pomada... la institución del macheteo presente en todo el mundo. Vamos a pasar la tarde viendo algunas exposiciones de Foto, pues aún se presentan varias muestras de lo que fue el Festival de Septiembre de la Foto. Así llegamos a la plaza de Bellecour, algo así como la plaza de armas de la ciudad, donde encontramos Le Rectangle, galería de arte donde pudimos ver varias muestras de foto. Al entrar aprovecho mi tarjeta ISIC, que me acredita como estudiante, y pago tarifa reducida. Camilo no la tiene, pero con la inercia también paga reducido…¡Viva Chile! En la exposición, todo tenía la onda de arte contemporáneo como de la Bienal de Sao Paulo. Si incluso estaban las fotos de Spencer Tunick. Algunos trabajos los encuentro buenos. Otros me hacen decir “tengo cosas muchos mejores, ¿Por qué entonces, no podría exponer en Francia?”. Ya veremos.

Es hora de irse. Tenemos que juntarnos con Élodie. La esperamos junto a la estatua que está al medio de la plaza, un personaje a caballo, y recuerdo la típica del santiaguino: “nos juntamos en el caballo de Pedro de Valdivia de la Plaza de Armas!”. Al poco rato llega la chiquilla… tiene un aire a la Valeria Aldana, la compañera del curso de francés que hice en enero. Al rato llega una prima de ella, y partimos a un bar a conversar con un poco de alcohol. Chamullo un francés atarzanado, pero me vi casi siempre sobrepasado al tratar de expresarme. Aprovecho de tomar fotos y de grabar video…

Al poco rato llega Ivan, el pololo de Élodie… nos tomamos algunas cervezas, sigo con mi afán de registro, y de vez en cuando meto la cuchara cuando entiendo algo de la conversación. Camilo, a quien poco entendía su francés hace unas semanas, ahora lo siento más claro, y por el contrario, a Ivan no le entiendo palabra alguna, incluso cuando hizo el intento en inglés. Supongo que será asunto de acentos… al otro día me enteré que es de la Bretaña, al norte de Francia.

Camilo está engrupido con la onda de Manu Chao, Clandestino, y hace una serie de fotos acorde al tema, con el rostro semicubierto, como vemos en la imagen anterior. Al rato caminamos a otro boliche, al sector antiguo de Lyon, un bar más oscuro y con un estilo under. En la puerta nos para un enano como salido de una película de David Lynch, y la prima de Élodie, que es chica de edad, debe mostrar su identificación para poder entrar. La música está buena, la luz es escasa… me tomo un tequila golpeado, y luego un hipermetrope, trago que lleva vodka y un licor local. Yo soy hipermétrope… ¿Y mis lentes?... debo tenerlos en el bolsillo de la parka.

Pasado un buen rato, caminamos hasta el auto de Élodie, un Renault 5, ¡Clásico!, y muy apretados emprendemos camino a la casa. Ellos no viven en Lyon mismo, sino que en una localidad de las afueras, L’Arbresle, a una hora de la ciudad. Sospechosamente común.

Pasamos primero a dejar a la prima, y luego nos dirigimos los cuatro a la casa. Al entrar, me doy cuenta que no encuentro mis anteojos… ¡Cresta! Vamos a revisar al auto. Camilo vio que los llevaba colgando de la mochila, y cuando me dijo, yo no le había entendido (y eso que me lo dijo en español). Abrimos la maleta del Renault…y… uuf!! Ahí estaban, menos mal. Que lío sería perderlos.

En fin… cenamos, los tres francoparlantes charlan hasta que me dio dolor de cabeza de tanto tratar de entenderlos, y al rato ya estaba durmiendo en un cómodo sofá.

Al otro día, a levantarse temprano. Élodie se va a trabajar, e Ivan nos acompaña a recorrer L’Arbresle.

Luego, al tren… rumbo a Lyon. Vamos a tratar de hacer la pillería y subirnos al tren sin pagar. Si no pasa el inspector, viajaremos gratis. Ivan va urgido, tal vez más que yo cuando lo hice en el tramo Istres-Marsella. En fin, no hay problema, es nuestro día de suerte y llegamos a Lyon sin pagar ni uno.

Paseamos por el centro de la ciudad. Paseo Ahumada lyonés. Veo una tienda BATA, y con lo cual me entero que la clásica tienda de zapatos baratos de Chile… no es chilena (Si hasta es un clásico el club de fútbol Deportes Bata, que alguna vez vi en la Polla Gol). Seguimos hacia la Plaza de Armas Bellecour, y enfilamos rumbo a la catedral enclavada en un cerro, donde tendríamos la panorámica de la ciudad. Antes de subir paramos a comer un sandwish. Grabo video, tomo fotos… mis anteojos están junto a la cámara de video… el banano lleva este aparato, además del teleobjetivo… el cierre está ligeramente abierto… y los anteojos no están. Uuuff, vuelta a buscarlos donde estuvimos comiendo. Nada. El europeo del este que toca el acordeón por monedas dice no haberlos visto. En fin, me resigno. Lo de ayer había sido una señal. Luego, haciendo memoria, pienso que fue en este lugar donde extravié mis anteojos:

Subimos en funicular, que es parte de la red del Metro, y seguimos nuestro paseo:

Vuelta al Metro, y luego Ivan tiene que irse a trabajar, así que seguimos con Camilo. Vamos al Centro de Historia de la Resistencia y la Deportación, y me emociono viendo fotografías, videos y documentos varios sobre la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Lyon fue declarada la capital francesa de la resistencia, y por eso es tan sensible el tema en esta ciudad. La violencia del genocidio judío es impactante, y siento que por más avanzada que sea una sociedad, nunca faltará la estupidez cerca del poder.



Seguimos caminando en dirección al centro de la ciudad. Nos llama la atención el sistema de arriendo de bicicletas. Teniendo una cuenta previa, basta pasar la respectiva tarjeta por un lector que permite sacar una vèlo desde el respectivo estacionamiento. Si se anda menos de media hora, es gratis… el truco es cambiarla en otro estacionamiento antes que pase este tiempo. No está malo el sistema… imposible para Chile creo yo. Ya le habrían encontrado la pillería para llevarse la bici a la casa… o para ir a venderla al persa.

Ya está oscureciendo y hace hambre. Es hora de ir a probar un Kebab, especie de empanada abierta propia de la mesa árabe. Es contundente y calórico, nos salvará por algunas horas.

Pasan de las 7 pm, y nos vamos a juntar con Ivan y Élodie y varias amigas más. Después de deliberaciones varias, acordamos juntarnos en un bar, donde tomamos una cerveza, y luego partimos a una plaza para beber tranquilamente en la noche lyonesa. Comenzó a pasar la hora, y estábamos en la disyuntiva de si tomaríamos el último tren, cerca de las 11, o si nos quedaríamos hasta las 5 am cuando pasara el primero del día siguiente. Gran disyuntiva… sobretodo porque iban a ser muchas horas de estar colgado en la conversación… me atacaría el sueño y tendría que dormir en el pasto. Uuff… en fin, a pesar de las dificultades lingüísticas, estaba resultando una velada agradable. Pasaron las 11 pm, la elección estaba hecha… y una de las amigas de Élodie nos da una sorpresa:

La onda se fue armando. La gente pasaba y venía. Había varios grupos, todos chupando piola y pasándola bien en muy buena onda. ¿Se podría hacer esto en Chile? Aquí no iban a llegar los pacos, nadie nos diría nada por estar con copete en la vía pública. Hay más libertad, Lyon es una ciudad con onda. Yo ya estaba resignado a tratar de descifrar las conversaciones, y por ratos conversar algo en español con Camilo… o simplemente abstraerme en mis pensamientos… cuando veo pasar a dos chascones que hablan con un acento que me resulta familiar. “¿De dónde serán estos weones? Me tinca que son chilenos”, le digo a Camilo. “No weón, deben ser colombianos”. Este loco los llama, y nos queda más que claro… Chilenos en Lyon!! Jajaja, que buena! Estaban rumbo a la botillería (como buen chileno), así que los invitamos a participar del grupo. Se fueron por un rato a buscar más gente y una guitarra. Y al rato estábamos entonando canciones de Los Jaivas y otras más que ni me acuerdo. Y corría el buen vino francés. Y las fotos. Y el video. Y la buena onda. Lyon… ¡¡La raja!!



****** Y en algún momento de abstracción miré hacia arriba. Y ahí estaban las 3 Marías. Orión cabeza arriba, con Sirio y el can mayor abajo, enfrentando al Toro… ¡Al fin veía las mismas estrellas que en Chile! Y todo al revés… tal como las vieron los que le inventaron la mitología en torno a ellas. Ahí estaba… no podía sentirme más feliz, con mi cámara en una mano, una botella de vino del valle del Rhône en la otra… y mi vista a las estrellas.

Pasaron las horas de carrete. Las francesas se fueron. Los chilenos se fueron. Y ahí estábamos con Camilo y nuestros anfitriones, atravesando Lyon a pie para llegar a la estación de trenes. Recuerdos vagos y confusos producto del cansancio y el alcohol. Largos minutos durmiendo en la escalera de una estación que nunca abría. Élodie parecía nuestra mamá… nos cuidaba a todos y nos compró algo de comer para pasar la caña. Al fin tomamos el tren. Creo que nuevamente no pagamos. Descansamos un par de horas en la casa de L’Arbresle, y ya teníamos que partir. Élodie nos despierta y nos lleva corriendo a la estación, el tren está a punto de salir de vuelta a Lyon.

Despedidas rápidas. Todos se han portado muy bien con nosotros, y se agradece. Esta vez no tenemos suerte, y tenemos que pagar el pasaje. Camilo se hace el chileno ahora… y el inspector se lo toma en buena. Vamos medio dormidos… es hora de tomar el TGV. Paris nos espera.

jueves, octubre 26, 2006

Por los caminos del cielo

No sé por qué será. Recuerdo cuando vivía en el departamento de la Desi, que a veces por las tardes veía a lo lejos como pasaban los aviones, recién despegando o por aterrizar en el aeropuerto de Santiago.

Por supuesto, muchas veces he visto pasar grandes aviones por sobre mi cabeza. Pero nunca antes vi que dejaran marcado un camino en el cielo. Los aviones en Chile tienen un vuelo limpio. ¿Por qué? ¿Será acaso que en Francia le meten más chala al avión? ¿O será un combustible distinto? ¿O tal vez es una señal de alerta para otros aviones?

Cuando espero por largos minutos el bus en Miramas, para volver a Istres, los contemplo con calma, y a veces hay dos o tres muy cerca. Y crecen. Y desaparecen.

Quien sabe. No sé si tendré una pronta respuesta, por ahora sólo admiro estos caminos, los mismos por los que un día -hace un mes- vine… por los mismos que un día volveré a mi tierra.

miércoles, octubre 25, 2006

Señor… ¿Cómo se dice…?

Aunque algunos creen que vine a puro pasear -o a hueviar- (y así pareciera para quien ha leído hasta ahora), y si bien he aprovechado cuanto he podido, lo cierto es que el objetivo de este viaje es… trabajar! Por eso ahora hablaré de lo que no he escrito hasta ahora: las clases.

Luego de la bienvenida y seudo-capacitación en Marsella, vino una semana algo errática, donde esencialmente fui a presentarme a los cursos donde haría clases. En algunos fue decir simplemente “Hola, me llamo Rodrigo, vengo de Chile… de Santiago, que es la capital… soy fotógrafo, estudiante de cine documental… y estoy muy contento de ser vuestro asistente de español hasta fines de abril”, tras lo cual, con algunos grupos casi se sentían volar las moscas… pero otros llenaron la hora de clases con preguntas: ¿En Chile hay dictadura? ¿Es muy diferente a Francia? ¿Le ha gustado Francia? ¿Qué le han parecido las francesas? ¿Cómo son las chicas chilenas? ¿Cuál es el deporte nacional? ¿Hace mucho frío en Chile? ¿Cuánto dinero gana una persona en Chile? … ¿Cuántos años tiene? ¿Cuántos hijos tiene? ¿Tiene novia?......... en fin, el tipo de preguntas dependía de la personalidad del grupo, y también del establecimiento: el liceo de Istres corresponde a una clase social donde los niños son más aplicados y se suelen comportar en clases. En cambio, en el liceo de Miramas, son más desordenados y pelusones, y por ende en algunos grupos las preguntas fueron más puntudas.

El caso extremo fue en un curso de Miramas, donde uno de los cabros, no sé si haciéndose el gracioso, o si realmente era maricón, me empezó a adular “Es usted muy guapo”, “Que bellos ojos tiene”. Al principio quedé medio pa’ dentro y sólo le dije “Gracias”, pero después tuve que pararle los carros. “¿Podemos salir a cenar?”…ya era mucho ¡Que sea podría haber sido una de las alumnas la que me decía todo eso! Ya me daban ganas de decirle “Deja de weviarme maricón culiao!”. Pero la profesora intervino y le rayó bien la cancha. Me llamó la atención que los compañeros reían a veces con sus intervenciones, pero al parecer lo gay era natural para ellos. Bien si es por la tolerancia… mal si es por molestar.

El caso opuesto ocurrió en Istres: en uno de los cursos que debía hacer clases un día, había salido ese día a un museo o algo así. Pero había dos niñas que se habían quedado haciendo un trabajo, y la profesora me dejó hablando con ellas; el objetivo era simplemente tener una conversación, que practicaran la lengua española. Charlotte se llamaba una de ellas, y dominaba bastante del idioma. La otra no recuerdo su nombre… pero da igual. Pasaron rápidamente los minutos de una conversación muy relajada, y como era la primera vez que estaba a mediodía en el liceo, les pedí que me enseñaran el sistema del almuerzo en el casino escolar. Entonces la conversación continuó mientras comíamos… y ra… no supe más de ellas… hasta esta semana.

Resulta que François, el profesor coordinador de español, me estaba indicando que por un problema de horarios no podría hacerles clases a un grupo del día jueves, precisamente el de estas niñas. Estaba explicándome eso, cuando llegó la profesora de ese curso, y nos dice que SÍ tengo que hacer esa clase, porque las alumnas solicitaron que quieren practicar el español con el chileno. ¡Bien! Me puse contento, y vi un gesto de aprobación de parte de los profesores… era un buen comienzo.

Y así fueron pasando los días, y tras las presentaciones con serie de preguntas hacia mí, vinieron las clases donde yo ya tendría que estar solo con los cabros. Y a cada grupo les hice una dinámica que aprendí en la Escuela Verde del Canelo de Nos: cada uno debía pensar una palabra en español -un animal, vegetal, cosa o sentimiento- cuya primera letra coincidiera con la primera letra de su nombre. Yo comenzaba: “Hola, me llamo Rodrigo Ratón”. Luego otro me saludaba: “Hola Rodrigo Ratón, me llamo Floriane Flores”; y el segundo: “Hola Rodrigo Ratón, hola Floriane Flores… me llamo Jeremy Jugador”. Un ejercicio de memoria y pronunciación, que por todos fue bien recibido y objeto de risas, en especial cuando le tocaba el turno a los últimos.

Tras esto, los hacía hablar más de si mismos: sus gustos, aficiones, lugares favoritos, su familia… etc. “Señor, ¿Cómo se dice gentil?”. “Se dice… gentil”… bien, empezamos con preguntas sencillas de vocabulario. “Ratón, ¿Cómo se dice hôtesse de l’air? … entiendo bien la primera palabra, pero la segunda me suena a nada. “De los aviones”, me explica… “Aaah! Eso se dice azafata o aeromoza”. Uf… salí del paso con varias preguntas de vocabulario, pero a más de una tuve que decir “No sé, piensa en otra manera de decirlo”.

Y el último curso que tuve esta semana, justo antes de las vacaciones, los interrogué sobre las actividades que harían en este periodo. “Rodrigo, je vais faire dodo chez mon amour”. Yo suelto una carcajada, y le explico que en Chile faire dodo se dice “hacer tuto”. Otra niña interviene: “Profesor, van a hacer hijos”. Yo sonrío y miro al joven aludido, el pololo de esta chica. Él no quiere abrir la boca… por lo visto ahí manda calzón.

En resumen, la he pasado muy bien en las clases. He sido bien recibido por los cabros, y voy a tener que usar mi creatividad para que siga siendo así, sin que se suban por el chorro.

Y la foto del principio… no tiene nada que ver con el tema. En los liceos no se pueden tomar fotos. Es un tema complicado, y tal vez tema para otro artículo.
La foto es en Marsella, frente a los tribunales de justicia. Me la tomó la Marjorie, el día que me acompañó a comprar mi flamante trípode Manfrotto, el cual me servirá para mi documental… tema también para futuros reportes. Por ahora, me esperan Lyon, Chateaudun… y Paris.

jueves, octubre 19, 2006

De los acentos en la torre de Babel…

Y bien… han pasado las semanas y no se podría decir que hablo francés, ni que lo entiendo a cabalidad. Pero tengo el oído más afinado y me he dado cuenta de la presencia de acentos diversos. Es tan sencillo como que, si entiendo más del 50%, es porque la persona que me habla tiene el acento de París. Y si casi no entiendo, es porque tiene el acento “provenzal”, propio del sur de Francia.

El fin de semana pasado vino Laurent, un amigo de Diane, y muy amablemente me invitaron a acompañarlos en su velada. Yo, sin saber como se dice “estoy tocando el violín”, me quedé encantado degustando la receta inventada por Diane, un buen vino, una película entretenida (El Aro, vista ya 3 veces… pero la primera en francés)… y una buena conversa. Como es de imaginar, ante panorama tan piola me daba lo mismo tocar el violín… si sólo faltaban las velitas… jeje.

En la mesa, Laurent a veces me dirigía la palabra… pero no le entendía cosa alguna! Hablaba levemente más rápido y más acentuado… como he escuchado a varias personas de la zona. Diane se mataba de la risa y le decía que tenía que hablarme más modulado; él hacía el esfuerzo, pero pocas veces resultó. Sin embargo, quedé maravillado de mí mismo cuando ella me hablaba largas frases, contando algunos pasajes de su vida, y yo le entendí más del 90%. Me imagino que habla el francés de manera análoga al arquetipo de inglés muy bien pronunciado; recuerdo las películas de la Guerra de las Galaxias, y lo claro que habla Lord Vader o Sir Alec Guiness (Obi Wan). Dicho sea de paso… a la asistente de inglés se me ocurrió hablarle algunas cosas en su lengua madre. Ella me contestó como sacada de película gringa… y ante mi cara de duda volvió a hablarme en francés. Total… dos que apenas cachan una lengua es mejor que uno sepa mucho más que el otro.

Volviendo a la velada, ellos dos a veces hablaban cosas como si estuvieran “off the record”… total el chileno apenas sabe francés. Ahí Diane hablaba un poco más rápido, pero a veces igual le entendía. Fue así como en algún momento Laurent me preguntó si echo de menos Chile, y para evitar tanta explicación, y haciéndome el duro, simplemente le contesté que no. Entonces Diane, nuevamente “off the record”, le dice algo así como “por supuesto, como va a echar de menos, si lo he recibido bien y yo soy encantadora”. Sonríen con complicidad, y yo con mucha naturalidad intervengo dirigiéndome a Laurent: c’est vrai (es verdad). Y vinieron las carcajadas cuando se dieron cuenta que estaba entendiendo mucho más de lo que pensaban. Y Diane… sonrojada y sin parar de reír.

Al menos todo resultó muy simpático, y no me sentí como convidado de piedra. Al día siguiente, me invitaron a salir con ellos a una playa de Port St. Louis, en el estuario del Rhône, donde al fin pude tener ante mí el Mediterráneo.

Los dejé caminar solitos… y yo me fui a sacar fotos y grabar en video un deporte que es practicado por varios, y que aprovecha los fuertes vientos de la zona. Ni idea del nombre del deporte, pero dejémoslo en algo así como “parapente surf”. ¿De qué trata? Mejor verlo en fotos… pero éstas las publicaré en Distancia Focal.

Por ahora… les dejo la foto del inicio, y mi testimonio de presencia:

domingo, octubre 15, 2006

Fotografiar lo que amas y lo que odias

A algún profe de foto, probablemente Marinello (nunca me hizo clases, pero más de alguna vez le he escuchado ideas que me quedan grabadas), le oí decir que normalmente se fotografía tanto lo que amas (esencialmente, la belleza de las cosas), como lo que odias. Esto último se acerca a la foto-denuncia, y cobró especial atención en los 80 cuando los fotógrafos de la AFI se jugaban el pellejo para mostrar lo que la dictadura no quería dar a conocer.

Ayer sábado fui con algo de susto a presenciar una de las costumbres que detesto: una corrida de toros. Si bien podemos alimentarnos de animales, no concibo que los usemos como objeto de entretención gratuita, menos aún si se trata de estresarlo y violentarlo físicamente.

No hay mucho que contar. Istres cuenta con una arena para tales efectos. Las tradiciones taurinas se expandieron desde España al sur de Francia. El “espectáculo” comienza cuando el toro aparece en escena, eufórico y arremetiendo contra todo. Entonces, lo que hay que hacer antes que el torero se luzca es… cansar al toro. Así les resulta más fácil (así cualquiera!). Tomé más de 200 fotos… es innegable que el tema resulta atractivo visualmente… grandes de las foto, como Ernst Haas, han hecho grandes obras sobre el tema. Que decir de los grabados de Goya. ¿Vale la pena que haya ido a presenciar la inspiración de estos grandes? No lo sé. Sólo sé que había que verlo. Al menos esta tarde, con toreros jóvenes y entrada liberada. Los famosos, por la noche… a 25 euros la entrada… ¡Nica!

jueves, octubre 12, 2006

Marsella



Cuando llego a la intimidad de mi chambre, pienso si tomaré mis libros de francés o si haré otra cosa… y casi siempre termino escribiendo mis notas de vida. No creo que sea evasión, de hecho, ya estoy pensando espontáneamente algunas frases en francés. A veces pienso en cuando un niño aprende a hablar su lengua materna… ¿En qué momento comienza a elaborar frases en su mente por iniciativa propia? Supongo que mi contaminada cabeza ya no es capaz de asimilar de la misma manera, los procesos son más estructurados y complejos, cualquier intento de implementar un aprendizaje profundo será a un costo mucho mayor. Pero con ánimo… al menos me he dado a entender, he sobrevivido sin mayores sobresaltos.

Como sobreviví a mi viaje a Marsella, y explicar nuevamente en mi precaria lengua por qué estaba llegando atrasado a la revisión médica. La citación era a las 13:30 del martes 3 de octubre, y por los asuntos que ya he contado, llegué finalmente a las 14:15. Puse cara de culpa en la recepción, “es que perdí el tren”… je suis desolé…je suis desolé…y a la negra enfermera de blancas vestiduras, creo entenderle algo así como “está bien, veremos si pueden atenderle”. Ahí me encontré con Camilo, el otro chileno… “weón! La cagai! Llegaste atrasado casi una hora, y uno que está desde la 1 esperando!”, jajaja, que buena. Ahí estaba una fila de latinos esperando el turno para pasar con el médico y para la radiografía. Costarricenses, mexicanos, colombianos, brasileros… y una china. La primera asistente de lengua china en la región, en cada reunión oficial fue presentada de manera especial y teníamos que aplaudir todos.

Después del médico partimos a comer. Un sandwish estilo francés: gigante; y una cerveza. Todos tomando jugo… y los dos chilenos con cerveza, jajajaja… buena. Algunas de las fotos que se ven acá corresponde a dicho momento.

Luego a buscar el hotel. Nos fuimos con Camilo… dicho sea de paso, con mi compadre vamos a realizar un documental sobre su experiencia del retorno y el exilio. Él nació en Francia, pasó su primera infancia por estos lados, hasta que sus padres retornaron con él a Chile. Su primera vez en Francia después de 12 años. Por lo mismo, habla un francés callejero que apenas le entiendo, pero es positivo para que haga de traductor oficial y para las relaciones públicas.

Subida al Metro, fotos de los murales de la estación. Las estaciones son oscuras y los vagones no están tan bien cuidados como los chilenos. El sistema es extraño: cuando se paga un pasaje, éste te da el derecho de andar por una hora en metro o en bus, se puede salir o entrar a las estaciones cuantas veces se quiera o se alcance en esta hora.

Finalmente llegamos al hotel, que lo paga el rectorado de la academia de Aix-Marseille. Las piezas son compartidas, pero quedo en una diferente a Camilo. Llego a mi habitación y por el momento estoy solo. La vista desde el quinto piso a esa hora es increíble… y tomo algunas fotos.

Al rato, vamos con el socito a recorrer el puerto viejo, el lugar más turístico de Marsella. El atardecer y el crepúsculo nos acompañan, y vienen las consabidas fotos de recuerdo. Creo que es mi primera pose frente a una cámara desde que llegué a Francia. Frente a mi cámara al menos. Vuelta al hotel. Las calles de este barrio son cuicas. Es un sector turístico comercial, mucha tienda de ropa con marcas que llevan el nombre de alguien, mucho pub y restaurante. Y a propósito… algunos tenían invitación a cenar a uno de estos lugares. Yo no tenía, porque mi reservación de hotel fue de último momento… pero da lo mismo, estaba muy cansado y quería puro acostarme. Ya es de noche… y tengo que tomar algunas fotos de esa gran iglesia, la Notre Dame “de la no sé qué”. Y por supuesto… de la Luna.

FOTOS puerto viejo



Miércoles 4 de octubre de 2006

Estaba muy cansado, pero nuevamente me dormí y desperté al par de horas. Desde que llegué he tenido muchas dificultades con el sueño. Debo haberme dormido bien a las 3 am… y a las 4 alguien entró a la habitación. Un gringo llegando a esas horas. Y nuevamente mi sueño fue intermitente… hasta que tuve que levantarme a las 7:30. Desayuno buffet, y a partir a la “capacitación”, que la pongo entre comillas porque no fueron más que latas y sermones de las mismas cosas que leímos y escuchamos más de alguna vez en Chile, o de voz de los mismos profesores de español en el liceo de Istres.

Lo más memorable fue que estábamos reunidos los cuarenta y tantos asistentes de español de la misma academia de Aix-Marseille. Además de los países mencionados más arriba, había una gran cantidad de españoles (era de esperar), y algunos argentinos, bolivianos, una guatemalteca, un uruguayo y un ecuatoriano. Y también aparecieron las dos chilenas que están alojadas en Marsella: la Karina y la Marjorie.

Latas varias… y a abrir cuenta corriente en el Crédito Agrícola. Un convenio de toda la academia para que nos paguen el sueldo. Almuerzo en el casino de la Universidad de Provence… y a volver a las latas. Conozco al uruguayo que está en Arles. También es fotógrafo, y pretende concursar al ingreso regular de la Escuela Nacional de Fotografía. Yo no creo que siga sus pasos… no si se trata de estar 3 años estudiando… desde cero. De todas formas, habrá que analizarlo.

Como buen computín, se me ocurre hacer la convocatoria para que llenemos nuestros datos en una hoja, y compartirlos por correo electrónico. La idea es buena y todos se inscriben. Karina se encargará más tarde de enviar toda la info por correo electrónico. Chile en la vanguardia digital, jejeje.

De vuelta al hotel. Hay un problema con mi chambre… al gringo le llegaron visitas, y en el hotel pensaron que yo sólo me quedaba por una noche. Dejo claro que son dos noches. Y me cambian de habitación. El séptimo piso… y ahora sí que totalmente solo. Bien, mucho mejor así.

Ahora sí tengo invitación para un restaurante. Pero me quedo sacando más fotos desde la ventana. Y luego… tenía una tarjeta de 300 minutos para teléfonos fijos en Chile (ó 45 minutos a celular)… por menos de 8 euros, ¡No está mal! Así que a inaugurarla. Llamo a mi madre al celular. No contesta. Llamo a la Ur… y la encuentro desprevenida. “¿Cómo estás?” se repitió muchas veces… jeje, linda, se puso nerviosa. Al fin podíamos conversar un poco… y el apuro, la distancia y el tiempo provocan una ansiedad en que a ratos no se sabe qué decir. Bien… todo bien. Vuelvo a llamar a mi madre. Buzón de voz. Llamo a mi compadre Fernando. “Yapo, ¿Cuándo vamos al HBH?”…falta tiempo para eso. Desisto con mi madre, y salgo a pasear, a promener.

Recorro todo el puerto viejo. Ya pasan de las 10 de la noche, y decido volver al hotel. Las calles se ven algo desiertas, y me da un poco de julepe. Hay unos letreros luminosos… ¿Qué veo? …una mina con una mini hasta el ombligo… otra más allá… al lado otra… “Bon suá mesié!! Bon suá mesié!!”… jajajajaja, que buena, me había metido en una calle de putas. Menos mal que fue así, y no en una de maricones. Arranco de ahí… y a dormir al hotel.


Jueves 5 de Octubre de 2006

El día anterior hice una lista en Excel con los datos de todos los asistentes, y Karina me prestó unos CD sobre Chile para que los copiara en mi notebook. Así que las chilenas pasaron en la mañana por el hotel (ellas, por vivir en Marsella, no tenían derecho a este alojamiento). Y nos fuimos con ellas, Ángel de Ecuador, Alicia de Argentina y un español.

Era mañana de papeleos. Fuimos los últimos en entregar (para variar), y ya nos estaban retando. Luego vino la lata más latera de toda la jornada. En una especie de aula magna (casi llena, pues estaban los asistentes de todas las lenguas) de la Universidad, unas 10 personas nos recibían, cada uno hablando de 10 a 15 minutos. No alcanzaron a pasar todos. Llegó el rector de la academia. Cuáticas varias, entrega de premios, aplausos para la china… y Madame Lheman al fin toma la palabra para decir cosas útiles. No le entendí mucho… pero si tengo duda lo dejé todo grabado en video, jeje.




Terminada la lata… a almorzar, y a dar unos paseos por Marsella. Vamos con las chilenas y con el ecuatoriano. Karina es muy pintamonos y se nota en las fotos.












Más tarde otra lata… el presidente del parlamento local nos da la bienvenida. Estábamos sentados cual diputados en el gran salón… primero vimos un video turístico de la zona, y luego aparece el viejujo de la política. La entretención era ver como la mitad de los asistentes se quedaban dormidos. Y los aplausos para la china. Y luego al cóctel y ver la exposición de fotos de la Provenza. Comimos muchas cosas ricas, repostería jamás vista en Chile… pero… había calzones rotos! Ya los untaba en la champaña, jajajaja.

Ok, ok… hay que irse antes de las 5:30 para asegurarse el tren. Algunos se han comprado celular… se reparten números que no fueron recogidos en la base de datos… y pa’ la casa. Por segunda vez estoy en la boletería de la gare de St. Charles, Marsella. Esta vez no me contestaron en inglés… me contestaron en español, jajajaja… “algo recuerdo del colegio”, me dijo un cajero bien buena onda. Compro mi carte tout poublic para tener descuento en los pasajes… mi pasaje… a compostage… y de vuelta a Istres. Una hora después estoy en “mi pueblo”, y me encuentro con esta sorpresa… voilà!!

lunes, octubre 09, 2006

Recuerdos musicales

Todo lo que resulta familiar o conocido remonta a otro tiempo y lugar. Ahora es una forma de sentirme menos solo. Ayer paseaba por Aix en Provence, por un boulevard lleno de pubs y restaurantes. Esta ciudad es bien cuica, junta la arquitectura tradicional con carrete en muchos locales, y en el mencionado paseo, estaba lleno de mesitas al aire libre, muy al arquetipo francés. Por ahí caminaba, cuando de un local escuché una canción de Blondie. La primera canción conocida en mucho tiempo. Y me acordé de la Giovanna, y del Ismael, y de la Valeria, y del Diego… y de mi cumpleaños.

En este momento escucho Massive Attack, y nuevamente recuerdo a mi amiga Giovanna. Cuando escucho a Sabina o Smoke City, recuerdo a la Laura… y a veces a una desaparecida Adriana. Cuando escucho Mötley Crüe o AC DC, me acuerdo del Fernando y nuestras innumerables idas a recitales. Si suena algo de flamenco… la Cata y sus variadas danzas. Sui Generis… mi Úrsula… ¿Quizás por qué?

Je suis electronique…. J’ utilise laptop…… je suis electronique……. Y veo weás....veo weás…veo weás.....

Chilenadas tele-musicales…

No sé si esto sea tan “chileno”, pero sí creo que corresponde a una conducta muy típica de mi generación, y que incluso funciona bastante bien en los carretes: acordarse de las películas, series y dibujos animados que veíamos cuando niños en los 80, y de la música asociada a ellas. Por ahí circuló la publicidad de una AFP que rememora estas mismas cosas, advirtiendo que “si lo recuerdas, quiere decir que estás a medio camino de jubilar”…ups!! Y yo que estoy fuera del sistema, sacándome la cresta en Chile para ganar el dinero suficiente para sobrevivir, y el último tiempo, juntando para este viaje… pero jamás he cotizado en AFP. Tendré que hacerlo a la vuelta, supongo.

El asunto es que hace un rato estaba cenando con Diane, y ella me hablaba de un plato que preparó días antes, algo parecido a un tomaticán o similar, que según ella no es tan común en Francia, y que se llama algo así como “ratatuya”. Le expliqué que en español sonaba como a la posesión de un roedor parásito casero… “Aaah! La rat”, me dice ella. Ok… pero le explico de ratas y ratones. Ella me dice que no, que el ratón-no-sé-cuanto es un animal como el que llevaba en su hombro un personaje de dibujos animados, en la serie CANDY. Jajajaja, no podía creerlo, los franceses de mi edad vieron Candy cuando niños. “i love you Anthony”, le dije mientras ella se ponía a cantar la canción de la misma… en francés. Yo hice lo mismo en español, jajajaja, y me fui a buscar el notebook cargado con música para ver si la reconocía. “Es la misma cosa, pero en otro idioma”, la misma música. Luego vino la música de Jet Marte…no, no la reconocía. Bugs Bunny, Spiderman, Los Pitufos!, George de la selva, el pájaro loco… todos esos sí los reconoció. Y vinieron las series… Los Magníficos, el avispón verde, lobo del aire, Magnum, los locos Addams, MacGyver, Bonanza… todo reconocido. Y la música de películas… en fin, la pasamos bien un buen rato con el lenguaje universal de la música. Creo que yo lo gocé más, por cierto. Hay cosas que nos unen con los franchutes… la cultura mediática ayuda a globalizar ciertas experiencias.

Y por cierto, el mapache en el hombro creo que no es de Candy, sino que de otra serie de niñitas: Angel, la niña de las flores ¿O no?

Haciendo chilenadas en tren…

Uf… han pasado muchos días, y es necesario seleccionar que voy a escribir. Algún profesor de cine diría que en la edición está la poesía, y por cierto, esto es totalmente cierto en la Literatura (de hecho, de ella emana a las demás ramas del arte), y también lo es en la Fotografía.

Y bien, vamos al grano. El martes pasado tuve que viajar a Marsella, para la bienvenida y “capacitación”, y en especial ese día, para la revisión médica. Fui en la mañana al liceo, tipo 10:00. Tenía que tomar el tren a las 11:50 para llegar a la hora a la revisión, así que tenía alrededor de una hora para hacer todo lo que debía en el liceo: chequear que los papeles que estaba llenando estuvieran en regla, y solicitar que llamen a Marsella para confirmar la reserva del hotel. Y ahí fue que me equivoqué, pues al parecer Francia es un país de papeles… la secretaria se llama Jeanne, es una veterana de muy buena voluntad y simpática, pero que como buena veterana me explicó una y otra vez la misma lesera, más pensando que “este chilenito que apenas entiende”. Yo le entendía todo… pero llamó a la traductora oficial, la señora Antonia González, la enfermera del liceo. Y vaya que fue de ayuda, por sobretodo para apurar el trámite. Había olvidado comprar un sobre con una estampilla, y la señora González consiguió gestionarme (“chorearse”) uno del liceo. Buena ayuda, así da gusto.

En fin, pude deshacerme de los papeleos a las 11:40… ¿10 minutos para llegar a la estación?... mierda, tal vez me demoro eso corriendo, pero tenía que volver a casa para sacar mi ropa de la lavadora y tenderla, porque iba a estar 3 días afuera y a la vuelta encontraría una podredumbre de ropa y una molesta dueña de casa. O si ella me la hubiera tendido… creo que habría sido peor. Como sea, ya estaba resignado a llegar atrasado a la revisión médica.

Estúpidamente fui a darme unas vueltas al seudo-terminal de buses. Aquí las cosas no funcionan así. Los buses apenas van a las 3 ciudades más cercanas. Así que a correr para tomar el tren de las 12:50. Ahí estaba yo, en la fila de la ventanilla para comprar mi boleto… a las 12:40… y un viejo delante estaba muy tranquilo, al parecer comprando un tour por Francia. Por fin a las 12:48 se fue y yo estaba comprando mi boleto a Marsella… como buen chileno, a última hora. Y estaba pagando cuando llegó el tren. ¿Ida y vuelta? Ok, ida y vuelta.

Me entrega mi boleto, corro a tomar el tren. Pero… antes de subir al tren, Diane me advirtió que debo “compostarlo” (esta costumbre latina de españolizar las palabras), es decir, pasarlo por una máquina amarilla que indica que uno ha usado ya ese boleto. ¡Pero no hay tiempo! El tren se va. No lo “composto”, y subo corriendo. Me siento y miro los pasajes. Ida y vuelta. Ok, la ida es ahora… y la vuelta… la vuelta… por la mierda me cagaron!! La vuelta es para el mismo día, sin posibilidad de cambio ni de reembolso. Perdí 9 euros con 20 centavos por las puras. Me da rabia… pero ya vendrá mi venganza.

Al rato el inspector pasa, y nuevamente no me dice cosa alguna por el boleto sin “compostar” (la primera vez fue cuando recién llegué a Francia). Una vez en Marsella, las compañeras chilenas y una argentina me advierten que al no hacerlo, corro el riesgo que me hagan pagar una multa arriba del tren. Así que en adelante… todo billet a compostage. Ok, les hice caso, y días después, cuando volví a Istres, adquirí una tarjeta de descuentos, por lo cual pagué 25% menos por mi pasaje, el cual pasé por la maquinita posteriormente.

Todo bien, hasta que ayer sábado iba a ir por la tarde a Aix en Provence, otra ciudad del sector, donde había un festival de arte digital con varias exposiciones simultáneas, y una gran “soireé” (velada), en la escuela superior de arte.

Almorcé tranquilamente, y se me ocurre ver el horario de trenes. El próximo a Marsella (ahí debía viajar primero para hacer transbordo) sale a las 13:30, y ya eran las 13:15, no alcanzo a llegar. El siguiente sale a las 15:50 ! Si pierdo ese, definitivamente me quedaré sin ir a Aix. En fin… hago mis cosas, salgo de casa a las 15:30… sospechosamente justo con la hora… bien chileno, a último momento. Llego a la estación a las 15:45. Un adolescente me pide mi teléfono celular (¡!) para hacer una llamada de dos minutos. Hueón patudo, menos mal que no tengo. Estoy en la fila… que fila… si sólo tengo a una persona delante de mí en la caja. Y por la cresta que son relajados para esto los franceses. En Santiago, cuando tomas el metrotrén, te atienden en 10 segundos. Pero no… cuando estamos a minutos de que llegue el tren a Marsella, el viejo de adelante está negociando su ruta en el EuroTrén. Pasaron unos 5 largos minutos, en que ya estaba que le echaba unas chuchadas en chileno a este Monseiur… cuando en eso llega el bendito medio de transporte. Y el viejo no pensaba terminar su negocio… ¿Qué hago? …a la cresta, sin comprar el pasaje, me subí corriendo al tren.

Una vez adentro, me senté en el primer asiento del vagón, junto a la locomotora, saqué mi diccionario y comencé a elaborar lo que le diría al inspector. “Discúlpeme señor, pero estuve a punto de perder el tren, así que no compré el pasaje, ¿Cuántos euros son?”… por ahí aparece un rucio alto con pinta de alemán. Está pidiendo los pasajes, y se acerca… está a sólo 3 asientos de mí. El tren para, el rucio se baja y chequea que todos los pasajeros suban. Se cambia de vagón. Va a pasar más tarde, así que sigo repasando mi urgido discurso. ¿Y si mejor le digo que se me perdió el pasaje? Al menos puedo comprobar que tomé el tren en Istres porque en mi tarjeta de descuentos aparece mi dirección. Sigo repasando mis posibles disculpas… y el tren avanza y avanza más estaciones. Yo cruzo los dedos para que el rucio no vuelva a pasar, me encomiendo a San Goloteo y a Santa Ema. En la estación de Martigues sube mucha gente que se sienta cerca de mí. Estoy frito, tienen que chequear los pasajes de toda esta gente en cualquier momento. Pero el tren avanza, y anuncian por parlantes la llegada a St. Charles!!! La estación de Marsella!! Jajajaja, me reía solo. Viajé gratis, fue mi venganza por el pasaje de más que había comprado en la semana. Quien lo diría, haciendo de chileno pillo en los trenes franceses. Otra chilenada para el anecdotario.

lunes, octubre 02, 2006

Estamos de cabeza

Fue en algún libro de Astronomía, cuando era niño. Tal vez el libro de José Maza que me regalaron los tíos Monos cuando cumplí 13 ó 14 años… o la Enciclopedia Cosmos Salvat que es incluso más vieja. O quizás en un simple Icarito. En alguno de estos libros aprendí sobre las constelaciones, y como los que estamos en el hemisferio sur vemos la bóveda celeste invertida respecto a los del norte; por ejemplo, Orión se ve en Chile “patas pa’rriba”, porque fueron los antiguos griegos quienes le dieron nombre y crearon la principal mitología estelar.

También me enteré que cuando la Luna la vemos crecer desde el lado izquierdo, en el hemisferio sur; al mismo tiempo se le ve crecer por el derecho en el hemisferio norte. Y pude comprobarlo. Las estrellas… aún no puedo verlas.


Y a propósito de ver las estrellas y manjares de los dioses, estoy orgulloso porque el domingo hice una tortilla de atún, no se me desarmó y me la hice chupete. A Diane también le gustó. Mi primera tortilla... jojo.

sábado, septiembre 30, 2006

de soledades, compras y bienvenidas...

Sábado por la noche. Estoy solo. Diane ha ido a pasar el fin de semana a Marsella. Va a un curso de danza, y se quedará donde su amiga Celinne, la misma que fue el miércoles al cine, y que al ir de vuelta junto a su madre y hermano, fueron controlados en su auto por la policía, y les estaban pasando un parte por 350 euros. No entendí el motivo de la infracción, pero si entendí que el parte se redujo a 15 euros a condición que la señora le diera el número de teléfono de su hija Celinne… y yo que pensaba que eso no pasaba en Europa. Bien por Chile que tiene a unos señores de verde más cartuchos.

En fin. Es sábado por la noche, y yo no sé adónde podría ir. Las calles están vacías, incluso pasan pocos autos. Me gustaría que alguien pudiera hacerme compañía y conversar un rato con un copete. Pero estoy tomando leche. Lait avec du cafe, et sucre. Hay un azúcar de caña, “La Perruche”, que por el nombre y por el lorito que aparece en el envase, me recuerda a mi tío Perucho… y también porque es “de caña”, jajajaja… Pierre Lillo Novalluna, avec son chien Patan.

Hoy salí corriendo a comprar, llegué al supermarché Geant cuando eran las 20:35, o sea, sólo faltaban 25 minutos para que cerraran. Y eso que es el supermercado “trasnochador” de la ciudad. Tenía que comprar ahora, pues el domingo está todo cerrado… todo muerto. François, el profesor de español, me decía que el panorama actual de los franceses de fin de semana, es tomar su auto y vitrinear los grandes centros comerciales que están en algún kilómetro de las autopistas. Sospechosamente parecido.
En el supermercado casi no quedaba gente. Fui a comprar un cuaderno y tuve que pasar por el sector de electrónica. Impotencia. Al mismo precio que compré el notebook donde escribo estas líneas, veo algunos modelos mucho mejores que el mío. Está bien, para que hacerse mala sangre. Tal vez encuentre accesorios fotográficos a buen precio en Marsella… necesito un trípode.

Me di muchas vueltas, no encontraba los oeufs (huevos) ni la harina. ¿Cómo se dirá harina? …veo un envase de pan. Entre los ingredientes, “farine”… uff… que más fácil. Encuentro los oeufs y la farina; y a la fila. Diviso leche… un litro. Todo sea por la tortilla. Paso por la caja. La cajera ve que los huevos no tienen código de barra. C’est la merde! Me va a hablar y no le entenderé. Ok… la escucho. No necesito entenderle. Me dice que no puede hacer na’ sin el código de los huevos. Yo tampoco digo na’ y sólo le indico con el índice que iré a buscar otro envase, total están cerca. ¿Pensará que soy mudito, extra tímido o tontín? …mmm… Por último, para la otra aplicaré un comodín. Fui a buscar los huevos con código de barras. Ella al fin sonríe y me agradece; supongo que muchos franchutes habrían puesto mala cara ante tal situación. Bon soiré, au revoir y más sonrisas… las únicas palabras y gestos del día fueron amables. Si hasta la habría invitado a tomar una chelita, si tuviera los huevos para eso.

Por hoy nada más que agregar… salvo que por fin hoy pude practicar Tai Chi por hora y media. Bien por eso.

Mmmm… sí, en realidad podría agregar también que ayer viernes fui por fin al liceo. Me recibieron muy bien, la gente es muy simpática, y si me hablaban despacio, les entendía casi todo. Me sentí como “la novedad”, y en cuanto llegué llamaron a la enfermera, Madame González, … españolísima! Y tuvo la gentileza de mostrarme todo el liceo, de indicarme trámites y demases cosas por hacer… el casino donde almorzar por 2 euros, la biblioteca donde trabaja una francesa casada con chileno, una señora simpática y chistosa, y que bien me hizo reír pues hablaba no en español, sino que en chileno… “Por fin alguien me entiende si le digo me voy a echar al pollo, o deja de fregar la pita”, jajajaja… buena, otra viejuja de biblioteca simpática, como las compañeras de mi mamá. Si hasta quedé invitado a cenar algún día.

Luego en la sala de profesores… no diviso a Francois, pero no importa, Madame González me presenta y salta otra profesora de español. Lo habla perfectamente; me explica el sistema y me ayuda para que me conecte vía wi-fi con mon portable ordenateur, pero de nuevo los intentos son fallidos. En fin, no hay urgencia. Ella se va a clases, y una joven profesora a mi lado me habla, y me imagino en una película de Almodóvar: “Me llamo Elena y llegué hace años como tú, pero desde España, me casé y me he quedado. Bien si puedo ayudarte en lo que sea, eh?”. Así ha sido la tónica, buenos recibimientos, no tengo asunto de qué quejarme. Estoy viviendo este viaje aquí y ahora, contento… éste es mi presente y es lo que vale.

Ahora sí… bonne nuit.

jueves, septiembre 28, 2006

Los primeros 3 dias

Lunes 25 de Septiembre de 2006

Se suponía que tendría que haber estado a las 9:00 en el liceo según lo aconsejado por el profe… pero dormí hasta las 17:00 hrs… o sea, dormí unas 16 horas casi al hilo, salvando los ratos en que desperté y no quise levantarme.

Y bien… a diferencia del tremendo día anterior, éste fue mucho más breve y menos agitado. Al levantarme vi que Diane me había dejado una serie de folletos con información de exposiciones de arte, y también un mapa de Istres!! Y marcado donde estábamos y donde está el liceo (a una cuadra, jeje). También en un papel me decía, en inglés, que le gustaría compartir su cena conmigo, y que llegaba alrededor de las 19:45.

Y cuando pasaban las 18, salí a caminar. Lindo día. Lindo lo que quedaba del día. Pues olvidé decirlo… como vivimos en un primer piso, la ventana de las piezas están “selladas” con unos tablones -por seguridad- y no entra luz natural. Por eso no sé como está el día hasta que me asomo por el balcón o por la puerta. Lindo día, y mucho viento.
Pasé por fuera del supermercado, pero era mejor entrar a la vuelta… caminé hacia el centro. Vi la “arena”, donde hacen las corridas de toros. Vi el comercio, las calles estrechas. Muchos… muchos autos. Una ciudad hecha para los autos, no tan amable con el peatón. El estilo nuevamente me hacía recordar más a Buenos Aires que otra cosa. Tal vez… un poco de Valparaíso. Una tienda de fotos. Una peluquería. Restaurantes, cafés, bares… casi todo cerrado!! Y ni siquiera eran las 7 de la tarde. En fin, será mejor volver y pasar por el supermercado. LIDL se llama. Y … estaba cerrado también ! uuff…. De vuelta a casa con las manos vacías.
Ahí estaba Diane esperando que volviera. Y comimos un guiso de pollo mientras me corregía pronunciación, me decía el nombre de algunas cosas en francés, y yo hacía lo mismo en español. Asumo que esta dinámica se repetirá por muchos días más.

Luego me vine a instalar programas al notebook, le mostré fotos de Chile, mis fotos premiadas, mis fotos de la despedida….. y esperé que desocupara internet para conectarme a Messenger; leer, contestar y escribir mails… bajar los audios del primer cd del curso de francés……y así me la pasé entre 0:00 hrs y 6 AM …. En Chile, fue entre 6 de la tarde y medianoche. Cómodo para los chilenos, y yo casi me caía. Y me caí de sueño a las 6:30……..


Martes 26 de Septiembre de 2006

Nuevamente dormí hasta la misma hora. 17:00 …..¿La costumbre de levantarme a las 11 en Chile?...mmmm…. tal vez, pero he sentido un cansancio importante también. Mi pieza es sencilla, tengo un colchoncito en el suelo (creo que era mejor el sofá cama donde la Desi), y un escritorio donde tengo casi todo. Se supone que en los próximos días, tengo que ayudar a Diane a ensamblar un mueblecito para que pueda acomodar mejor mis cosas.

En la sala de baño sólo están la tina, el lavamanos y un pequeño armario. La tina no tiene cortina, y dispone de una ducha teléfono sin soporte superior. Por lo mismo, me tengo que bañar agachado. El calefont es un tremendo aparato ultra moderno que da energía también a las estufas. No hay necesidad de tocarlo siquiera. Las pinzas con Metrogás, esos son unos picantes. Y el “toilette” está aparte: una pieza sola pa’l water. La chambre más importante de la casa.

Hoy por fin me afeité. Ya listo para salir AHORA SI ! al supermercado, encuentro que Diane está en casa, y me tiene listo un certificado de residencia, que necesito para tramitar la visa hasta el próximo año. Ya le he tenido que decir MERCI unas 50 veces. Es muy amable y preocupada, eso es bueno porque me ha hecho sentir bien acogido. Me recomienda que vaya a otro supermercado, pues Lidl lo cerrarán muy pronto. Llego al GEANT… una especie de LIDER, pero de esos Lider gigantes, donde venden incluso electrodomésticos, es la misma onda y del mismo porte. Me paso más de una hora dentro. Hay una cantidad de cosas nuevas por probar… mucho alimento preparado en lata. Mucha sopa extraña. Compro unas cuantas. Cada sopa es cara, de lo más caro que compré. Me llevo un mapa de Marsella además.

Parecerá una tontera… pero me emocioné cuando veo unas paltas que dicen…”de Sudáfrica o de Chile”. Cada una vale 85 centavos de euro, es decir… cada palta por unos 500 pesos. Veo los copetes… no hay pisco. ¿Se podrá exportar?

Cuando paso por caja, veo que el total dice algo de ciento y tanto….. uupps!! Era el equivalente en francos, pero sólo eran 22 euros. Salgo del super… ya está oscuro. Vuelvo a casa. Me anduve perdiendo, pero yo tranquilo… encontré el camino. Creo que me demoré… Diane pensó que estaba perdido… y no estaba del todo errada.

Pensaba preparar una sopa, pero me dijo que tenía la comida de ayer y que había que darle el bajo. Será…. Comamos y tengamos una nueva sesión de “aprendiendo francés y español”. Fue gracioso hoy. Entenderse así no es difícil y hay que usar la imaginación. Decidimos dejar el inglés sólo para emergencias, yo le hablo en español y ella me contesta en francés… y nos traducimos si es necesario. Bien… voy a aprender mucho así.

Y se acabó la comida y aquí estoy…. Escribiendo este largo itinerario cuando ya son las 2:15 de la mañana, mientras he estado escuchando a Joaquín Sabina… y ahora comienza Sui Generis… quizás por qué…………………………..bonne nuit.


Miércoles 27 de Septiembre de 2006

14:20
Hoy me levanté más temprano. Pasadas las 12, a midi et demi. Madrugando a las 6:30 de Chile. Desperté con nostalgia y quisiera volver. Tomo desayuno mirando el soleado día. Vuelvo a mi sucucho oscuro para escuchar música y estudiar algo de francés. Diane está por llegar y me tiene invitado a ver la exposición de unos amigos suyos.

…por la noche…
Fuimos con Diane a la ciudad de Martigues a ver la exposición de fotos de Franck Pourcel. Es un documental en blanco y negro sobre los cambios en torno al “Etang de Berre”. Etang es un lago… pero no es un lago, pues tiene una conexión importante con el mar, que lo convierte en salado. Ellos hacen la distinción entre un ETANG (lo que acabo de describir), y un LAC (lago de agua dulce, como lo conocemos). En Chile, sé que el lago Budi es de agua salada, pero me parece que no tiene una conexión importante al mar.
En Martigues, a orillas del Etang de Berre (al igual que Istres), hay marinas para yates que pueden salir hasta el Mediterráneo.

En fin, la exposición me gustó, me tenté y compré el libro de la misma. Los libros no son más caros que en Chile, y me atrevería a decir que muchos pueden estar más baratos, es cosa de ver la encuadernación, tamaño y número de páginas, y un libro de arte que en Chile puede salir por 60 lucas, aquí cuesta 60 euros.

Cuando volvíamos, la luz era espectacular. Martigues me resultó más atractivo visualmente que Istres. Digamos… más turístico, aunque me falta conocer mucho de la ciudad donde vivo. Tengo que volver solo más adelante.

Vuelta a Istres… los franceses de esta zona manejan como locos. Casi todos los autos son “city car”. Son ciudades poco amigables para el peatón. Punto en contra.

La comunicación con Diane está mejorando. Me da muchos tips de expresiones. Ni idea como se escriben (aunque en realidad sí… tengo una idea), pero lo importante es la fonética. Lo mismo, la hago pronunciar bien el español, y eso termina haciéndonos reír.
Llegando a Istres ella sale a juntarse con una amiga. Irán al cine junto a la mamá y el hermano de la amiga. Me pregunta si quiero ir. De inmediato digo que sí (hay que ir a todas las paradas, digo yo). Se va. Me quedo en casa y pretendo hacer mi sopa… pero me pego a internet por ese rato. Ya tengo que irme, debo ser puntual.

Camino 10 minutos y llego al cine. Tiene 4 salas. Vamos a ver “President”. Está Diane con su amiga. Nos saludamos. Me da la impresión que la amiga se incomoda y me desplazo a leer carteleras y otras cosas. Oooh! Pero que veo! La semaine prochaine (la próxima semana) se estrena “Le parfum, histoire d’un meurtrier”, película basada en el libro del mismo título, de Patrick Süskind. Mi lectura del verano pasado podré verla en pantalla grande. Bien… todo está saliendo demasiado bien, jejejeje.

“Bon soir, le president…”. Son 5 euros. Casi lo mismo que cuesta el Hoyts de la Reina en un día normal. ¿Quién dijo que Francia era cara? No es para tanto hasta ahora. Muestran la propaganda de “Le parfum…”, la sinopsis da la impresión que la película es igual al libro. Habrá que verla. Aunque… en el libro, Jean-Baptiste Grenouille es poco agraciado. En la película, responde claramente al arquetipo hollywoodense. Punto en contra.

Bien… de Le President no tengo mucho que decir, pues debo haber entendido el 0.5% de los diálogos. Casi me dormí varias veces… pero aprecié, sin tanta distracción, la fotografía, la música, la gestualidad de los actores y los errores de continuidad.

Chaolín… para la casa, tomar un té y terminar esta crónica. Bonne nuit.





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La partida... y la llegada

A las 8:30 desperté como por tercera vez, pero ahora sí me levanté. Fue una locura, en menos de 2 horas debía tener todo armado, listo lo del pc y haberme duchado y desayunado. Yo me encargué del pc; mi mamá y Úrsula de los bolsos. Un abrazo con la Tere y el Perucho. Salimos un cuarto para las 11, Carlos voló en el auto mientras yo iba descartando cosas de los bolsos. Era sobre-sobre-sobre peso!!!

En el aeropuerto nos esperaba Andrés Vera. La despedida del amigo. Hice los trámites de rigor, y por ahí apareció Manuel Herrera, el coordinador del programa.
Nos tomamos fotos, nos dimos abrazos… y yo que no había llorado, asomé algunas lágrimas cuando abracé a la Úrsula.

Pasamos policía internacional… y a esperar se ha dicho. Encendí el notebook. No hay wi-fi, que desilusión. Tras largos minutos abordamos. Reconocí a otra asistente y la saludé. Coincidentemente teníamos asiento juntos. Así que nos fuimos conversando buena parte del camino. Paulina, muy simpática ella, mantengo la esperanza que podamos realizar algunos proyectos en conjunto. Y despegamos a las 13:00 hrs. Supongo que habrán esperado este momento para irse del aeropuerto…

Tuvimos que hacer escala en Eseiza, Buenos Aires. Una tontera, terminamos dando vueltas por el aeropuerto entero para volver donde mismo. Encendí el notebook y había wi-fi… pero había que pagar. ¿Valía la pena comprar una tarjeta de 5 lucas para dos horas… por 10 minutos? No. Y volvimos al avión.

Y ahora sí. Rumbo a París, directo, sin paradas. Y Comenzaron las largas horas. Con Paulina enganchamos bien. Hablamos de su proyecto de la “semana de la chilenidad”. También de los posibles negocios con los espárragos de Carlos. Y de subir algún cerrito de los Alpes. C`est genial !

Vi la película Vecinos Invasores. La vi, pero no la vi. Por ahí fue que pude dormir. Lo poco que dormí fue con la película. El panel multimedia de los asientos era de lo mejor, además de las películas había música y se podía ver en tiempo real en que parte del mundo íbamos volando, la temperatura exterior, lo que habíamos viajado y lo que faltaba. Bien… buenas noches… si es que se puede. Mmmmm… no se pudo mucho. Al rato, estábamos con Paulina en la zona de autoservicio. Yo imaginaba algo para comer y unos buenos copetes. Pero sólo era agua mineral, y con suerte quedaba algo de juego y bebida. Me hice chupete el agua mineral. Conversamos con un sobrecargo bien buena onda, nos dijo que hacía días ya que viajaban jóvenes como nosotros. Y la Paulina gestionó con él dos helados. ¡Bien! …y ahora sí… a dormir… si es que se puede.


Domingo 24 de septiembre de 2006

Al “despertar” (después de muchos despertares), el sol daba por la ventana y era imposible mirar. La cortina debía seguir abajo. Viene el desayuno. Aumentan los nervios. Ya volamos sobre España. Y al poco rato sobre Francia. ¿Por qué no bajarse en España y evitar todos estos problemas lingüísticos? Baaa! Es parte de la aventura… aunque cuanto más fácil sería que todos habláramos como “cristianos”.
Aterrizamos en Charles de Gaulle, Francia, pasadas las 11 AM de Francia, 5 AM en Chile. Paulina ya estaba más nerviosa que yo. Ella y los demás asistentes que viajamos en ese vuelo se quedan en París. Yo tengo que hacer un transbordo para llegar a Marsella. Nos bajamos. Despedidas de rigor, abrazos y un hasta pronto… y a correr. Paso por policía internacional. Un pendejo rucio de uniforme me mira feo mientras examina mi pasaporte. “Where do you go?” …Marseille… se repite la pregunta y la respuesta (aún no cacho por qué no me entienden los franceses… ya contaré de eso). Me dan la pasada… y a seguir corriendo. Busco el terminal 2-D. Letreros para llegar a él hay por todos lados. Parece chiste, no llego nunca! Más de media hora dando vueltas. Ya estaba asustado. Cuando al fin… encuentro el sector 2-D, paso por el detector de metales, y creo que me sonaban hasta las amalgamas. Tuvieron que revisarme manualmente, tuve que vaciar mis bolsillos y sacarme chaqueta y cinturón. El vuelo 4667 rumbo a Marsella lo encuentro en la puerta xx. Y a esperar nuevamente, hacer una fila y a abordar.

Cuando estaba por entrar al avión, la manga de abordaje se remece entera, el sobrecargo pone cara de susto y comienza a sonar una sirena. Y yo en medio de la manga. Vuelta atrás al pasillo. Comunicaciones van y vienen. Aparece gente con pinta de técnicos. Tenemos que salir todos del área. Veinte minutos de espera… de nuevo podemos abordar. Encuentro mi asiento. La azafata estaba en mi asiento. Me habla algo que no le entiendo. ¿French o english? Me pregunta… english, of course. Me habla en english… de nuevo apenas le entiendo. Es muy raro el inglés con acento francés. Guardo mi mochila en un locker superior… pero no me separo del notebook. Cuando me siento, veo que estoy junto a una puerta de escape, y que hay un símbolo de “no maletas”. Ahí entiendo… se vuelve a acercar la azafata, y debo dejar mon portable ordenateur junto a mi mochila. Estoy quedándome dormido. No salimos nunca. Los aviones hacen fila para despegar. El sobrecargo es un rucio que me recuerda una mezcla entre el Terminator 2 y el Cote Rivera. Veo a los aviones que despegan hasta que se han perdido entre las nubes. En un momento más alguien verá como nos perdemos entre las mismas nubes.

Al fin despegamos. Me ofrecen dos variedades de sandwish. Sólo entiendo que uno tiene “fromage”. Elijo el otro. También tiene queso. En fin… “¿Y para beber?” Me imagino que dice. “Eau” es mi escuálida respuesta, mientras le indico la botella de agua mineral. “¿Sólo eau?” me parece entenderle. Asiento con la cabeza.

Viaje corto. Como de hora y cuarto. Desde el avión diviso el Etang de Berre. Ahí debe estar Istres. Y la tremenda vuelta que tengo que darme para llegar ahí. Aterrizamos. Au revoir monsieur. Bajo escaleras. Hay un panel luminoso. Las siguientes personas dirigirse al mesón de informaciones: …….RODRIGO Lillo…….. uuuff! Sólo espero que no se haya extraviado mi equipaje, y que no haya pasado por donde no debía.

Encuentro mi equipaje de inmediato, gracias a dios. Me voy con mis maletas en uno de esos carritos… Informaciones…. “Excuse moi. Je ne parles pas tres bien francais…” no alcanzo a terminar, y la señora me dice “aaah!! Rodrigo Lillo?? Habla español ?” uuf, gracias a dios, alguien que hable español en plena Francia. Sí, hablo español…. Aaaah, es que lo ha estado llamando Francois Sanchez, profesor de español, para saber si ya ha llegado.

En fin, esta señora tuvo la amabilidad de llamar directamente al profe, pues yo no tengo tarjeta de prepago (es la única manera de llamar desde teléfonos públicos). Hablo con él, y me dice que me esperará en la estación de trenes de Istres.

Salgo del aeropuerto, veo los buses y la oficina respectiva. “A la gare St Charles, s’il vous plaît“. 8 euros con 50. Ya tengo que empezar a entender los costos en euros.
Llego con mi carrito al bus. Debo acomodar yo mismo mis bultos en el compartimento de carga. La azafata no ayuda. Saco mis cosas y el carrito se me arranca. No sé si tomar el carro para que no se vaya calle abajo o si tomar mis cosas. Me imagino como Peter Sellers haciendo el ridículo. Parece que la azafata del bus se molestó porque no puse bien las cosas y se me arrancó al carro de mierda… en fin. Subí, le pasé mi tarjeta y me senté. Afuera llovía un poco. Sólo un poco, y hacía calor, unos 20 grados. Adentro escuchaba el acento francés sin entender nada de nada. Afuera comenzamos a pasar por carreteras, todas con la misma pinta de las mismas autopistas modernas que conectan Santiago con los alrededores. Afuera llovía, y muchos automovilistas iban con las ventanas abajo y en manga de polera. Al ir entrando a Marsella, me parecía una mezcla de Valparaíso y el barrio Palermo en Buenos Aires. Nada muy maravilloso.

Y llegamos a la Gare de St. Charles. A cargar 50 kilos se ha dicho. ¿Dónde venderán los pasajes? …mmm… ahí está el itinerario. Son las 15:30… y el próximo a Istres sale justo a las 16:00. Entro a la zona de cajas. Tengo que hacer una larga fila, unos 20 minutos de espera. Ya veo a mi alrededor más personas negras. Las jóvenes negras se ven bien atractivas. Al fin es mi turno. La señora tiene cara de simpática. “bonjour, un billet a Istres, s’il vous plaît”. Me mira con cara de extrañeza… Istres… Istres …ah!! Istres!! (para mí sonaba casi igual, pero aún así no me entendió). Me mostró en pantalla donde decía ISTRES. Sí, ahí voy. “One person?”…..jajajaja, le hablo en francés y me responde en inglés. Asiento con la cabeza. Son 9 euros con 20. Lo dice muy rápido. Nuevamente me muestra la pantalla. El tren sale a las 16:55 y llegaré a Istres a las 17:52. Casi una hora para esperar la salida.

No tengo idea de donde sale. En el billete no aparece la VOIE (vía), y en los paneles sólo avisan de las vías cuyos trenes están por salir. Y ahí estaba yo, nervioso, sin saber el lugar exacto de la partida, sin saber si era uno de esos grandes trenes o uno de los feitos… y sin tarjeta para llamar al profesor.

La estación de St. Charles ya es un lugar donde se puede apreciar diversidad étnica mucho más que en el aeropuerto. Por lo demás, el hecho de estar parado sin hacer nada más que observar, hace que uno se fije más en aquello. La mayoría de la gente se ve “normal”. Lo más “anormal” que veo es un viejo gordo con cara de loco que me recuerda al “divino anticristo”, ese que se pasea vestido de mujer por el sector de Portugal – Lastarria en Santiago. Pasan policías fuertemente armados y observan todo y a todos. Cuanto quisiera poder sentarme y tomar y comer algo… pero no se puede.

Cuando sólo faltan 10 minutos para la partida, publican la vía desde donde sale el tren. Me dirijo a ese lugar. Es un tren de los feos. En fin… me doy unas vueltas y decido subir. Bien rasca se veía por dentro. Por cierto, iba en segunda clase. Y se sube el divino anticristo… yo sólo quiero que no se siente al lado mío. Hay espacio suficiente… uuff… menos mal que pasó de largo.

Parte el trencito. No es supersónico. Podría ser un tren bien chileno. Voy quedándome dormido nuevamente. Pero quiero mirar. Veo el Mediterráneo. Grandes barcos de turismo, otros tantos de carga. Muchas marinas y veleros. Las estaciones son chicas… sólo falta que entren con canastos con gallinas para pensar que estamos en Chile. El divino anticristo se para y empieza a recitar una poesía de un libro. Y se ríe, es muy histriónico. Que locura, espero que no quiera sentarse al lado mío a darme la lata. Veo que las puertas no se abren automáticamente cuando el tren para. ¿Cómo se abrirán? …no quiero hacer el loco… observo bien como se hace.

Finalmente llegamos a la hora fijada. Todo el vagón desciende en Istres. Algo tendrá de interesante esta ciudadela para que todos desciendan acá. Afuera llueve más. Cargo mis 50 kilos… tengo que cruzar una pasarela bien chilena para llegar a la estación. Cuando voy llegando del otro lado, veo que abajo está parado un flaco alto de pelo largo, como de mi edad. Ya lo sospecho… “bonjour” me dice… “bonjour” contesto…. ¿Lillo? ¿Francois Sanchez? Ouiiii ….bien el profe se paleteó y me fue a esperar sin que yo lo pudiera llamar. También estaba por ahí la profesora de inglés con la asistente de inglés… de Alaska!! Y nos fuimos en el auto del profe a buscar la casa de mi alojamiento. Él apenas conoce a la profesora que me dará alojamiento. Buscamos su dirección y nos costó dar con ella. No hubo más remedio que llamarla. Y llegamos. Obviamente, tenía curiosidad de saber como era mi anfitriona… si sería una espigada bailarina de aspecto ruso… o con más pinta de cumbianchera… jajajaja… en fin, nos abrió la puerta una mujer más baja que yo, pelo negro, tez blanca y delgada… con un rostro que la haría pasar por cualquier chilena simpática. A decir verdad, salvo los negros y unos pocos rucios, sólo he visto gente …”normal”.

Presentaciones de rigor, el profe de intérprete. Yo encontré todo el lugar muy bien, ella dijo que podría ayudarme con el francés, mientras ella aprende español de mí. Bien por eso. Me instalo, media hora en Messenger y revisando correo. El profe nos invita a cenar.

Partimos con Diane en su auto. La casa del profe no es tan cerca… yo diría que ya se trata de otro pueblo. Nos comunicamos con una mezcla de francés, español e inglés…donde predomina este último. Le cuento de mis proyectos, de por qué estoy acá. Del cine, de la fotografía… ella quiere ayudarme, puede preguntar y hacerme algunos contactos. Vamos llegando, una calle oscura y empinada. Nos recibe el profe. Está con visitas. Saludo a las señoras con besos en ambas mejillas. Conversamos mucho… me interrogan. El profe me hace de intérprete. Su hija de unos 3 años se presenta en español. La señora del profe es muy simpática y siento que me agarra pa’ la chuleta. Comemos unos simples fideos, tomamos un trago local… mucha conversación. Todos salen a fumar. Yo los acompaño. Pasan las horas, mucho bla bla con el profe… y yo lo único que quiero es ir a dormir, aunque la inercia no me hace sentir del todo el cansancio.

Se acaba, nos vamos… nuevamente en el auto tratando de comunicarnos. Sólo lo logramos a veces. Bien… ya es hora de dormir. Bonne nuit !




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miércoles, septiembre 27, 2006

La despedidaaaaa


Muchas gracias a todos los que me acompañaron!!















Viernes 22 por la noche...


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domingo, septiembre 03, 2006

Y pasamos Agosto!

Hace unas semanas, escribí en Distancia Focal una crónica sobre la nostalgia en la fotografía chilena, reflexión realizada a partir de una vivencia personal que me remontó a 19 años en mi pasado.

Tiendo a pensar que gran parte de mi vida gira en torno al pasado, a pequeños giros que toman algo ya ocurrido y lo recrean en el presente. Como también se mueve por angustias y esperanzas de futuros inciertos… pero sin duda el pasado es algo que se puede encerrar, manipular, atesorar (de “memoria y patrimonio” hablan los ‘cultos’)… y así me convierto en una especie de enciclopedia de mí mismo, un Julio Martínez que asocia trozos de la Historia con vivencia personales; un coleccionista, un arrumbador de fotos, cintas, recortes, diarios, revistas, libros… y cuanta cosa sienta interesante y que me costará mucho deshacerme de ella. Lo paradójico es que mucho de ese material es probable que no vuelva a verlo ni menos revisarlo con atención. ¿Compulsivo? ¿Obsesivo? … tal vez sería bueno desprenderme de tanto pasado, para de una vez vivir bien el presente.

Pero… me dedico profesionalmente al pasado. Soy fotógrafo y proyecto de cineasta documental. Siento necesidad de escribir y guardar mis escritos. Y hablando del pasado y JM, y si bien el fútbol poco y nada me importa, tengo muchos recuerdos en relación a este deporte. Sin ir más lejos… hoy se cumplen 17 años (exactos, y también era domingo), del “Maracanazo”, aquel episodio en que un desesperado Cóndor Rojas habría recibido una bengala de parte del público brasilero. Ese día estábamos en un retiro espiritual, EFFE (Encuentro en Fé del Colegio Francisco Encina)… instancia más conocida por todo el mundo como EJE. Era 1989, primero medio… yo casi cayéndome de la foto, en medio de un grupo que en su mayoría me resultaba extraño. Personas que parecía serían grandes amigos, pero que muy pronto nos alejamos como suele ocurrir. Una buena experiencia.

Por otro lado, si de futuros inciertos se trata, el profesor de Istres volvió a comunicarse conmigo, así que me quedo un poco más tranquilo respecto a lo que será mi alojamiento. Sobre la prueba de francés, “sólo sé que nada sé”, no tuve que rendirla, pues quedé eximido al haber aprobado en marzo. En fin… por ahí me han dicho que tengo facilidad para los idiomas, y que no me resultará tan complicado.

Sobre mi presente, como quien diría por ley de Murphy, me han estado solicitando trabajos (remunerados) en buena cantidad el último tiempo. Cuando me voy, me empieza a ir bien. Al menos me voy más tranquilo económicamente.

Y el homenaje de la foto de arriba es para mi abuela… que hace 5 años no pasó agosto. Un beso para la Ema, haré salud por ti en tierras galas, con champaña de verdad.