jueves, diciembre 14, 2006

Menos cóndor y más huemul... un homenaje a la poetisa (no al dictador)

Asco. De las plumas del cóndor cayó una larva, se desplazó sigilosamente hasta encontrar la piel, penetró en ella y ahora vive como parásito entre la dermis y el músculo. Se desplaza por mi cuerpo, me provoca escozor, repulsión y angustia. Trato de aprisionarla, pero adivina mis intenciones y migra rápidamente. No sé que hacer, a veces cuando camino la siento en la planta del pie, y debo cojear para no sentir dolor. Por las noches escarba algún órgano para revolverlo todo… me quita las energías y me pone de mal humor. Esta cosa ya está dejando costras dentro de mí.

No estoy tratando de hablar como Kafka (¡Por favor!), ni como Quiroga… tan sólo así me siento desde el domingo pasado. Mezcla de problemas personales, ansias prevacacionales e impactos psicosociales chilenos. Como lo primero no gusto dar a conocer “en público”, y de lo segundo, ya tendré tiempo para eso… me quedaré con lo tercero.

Para eso, quisiera remontar una historia en el tiempo. Santiago de Chile, años 80: un niño de 8 años ve en televisión, anonadado, como luce un automóvil donde han dado muerte al intendente de Santiago, el general Carol Urzúa. Este niño apenas sabe de este señor, pero es una autoridad y le parece importante; no entiende por qué han tenido que matar a este militar que se preocupa de administrar la ciudad, y se siente profundamente sorprendido, más aún si el asesinato ocurrió en un barrio tan cercano al cual vive.

El mismo niño va al colegio, y en clases de música le enseñan los himnos de las ramas de las fuerzas armadas. Memorables paseos escolares, donde las únicas canciones conocidas hacían mención a las armas… pero también al valor, la entrega y el coraje. “Vuestros nombres valientes soldados, que habéis sido de Chile el sostén…”, la cantó cada lunes mientras se izaba el pabellón patrio. También pudo ver en las pantallas una gran ceremonia para conmemorar los 10 años del “pronunciamiento militar”. Pinochet en plena Alameda, es envestido con honores, le bailan pies de cueca, se agitan pañuelos y pancartas a su favor… y una tierna niñita le pega una escarapela en la solapa.

Días después se corta la luz. Es de noche, y con velas busca junto a su abuela la vieja radio a pilas para sintonizar Radio Minería. Nos enteramos que unos terroristas han puesto una bomba en una torre de alta tensión. “Los malulos”, le dice la abuela.

Así van transcurriendo los años. En casa no se comenta mucho, el gobierno militar es algo normal, pues en televisión todos hablan bien de ellos. Este niño nació con Pinochet en el poder, la palabra “democracia” no la entendía… y aunque las protestas daban un poco de susto, era una buena excusa para quedarse en casa sin ir a clases. Y Pinochet hizo cosas buenas: evitó la guerra con Argentina, tras lo cual pudo ver con emoción al Papa transitando por calles de Santiago.

El niño… que obviamente era yo… pensaba hasta antes del plebiscito que la opción lógica era el “SÍ” a Pinochet… ¿Por qué cambiar si todo va tan bien? ¿Por qué dar paso a personas que gritan mucho, y más encima tiran piedras y se encapuchan?

Pero nunca estuve tan convencido. En mi casa no se tocó nunca el tema, mi familia no fue afectada en absoluto por la represión política. Los únicos con una posición clara y apasionada eran unos tíos, que defendían a muerte a su “pinochito” que los salvó de la lista negra de la Unidad Popular de Allende. Influyeron mucho en mí… pero siempre tuve un dejo de desconfianza, más aún cuando fui descubriendo con el estudio de la Historia, como fueron sucediendo algunas cosas.

“Chile, la alegría ya viene” (Qué irónico, ¿No?). Ganó esa opción, la que le dijo que NO a Pinochet. Vuelta a la seudo-democracia. Se abrieron los canales informativos. El modelo económico implantado por Pinochet se afirma y el país aumenta sus ingresos. Retornan exiliados, se publican libros, se filman películas. La información no tiene ya la burda censura ochentera… puedo conocer lo que antes estaba oculto. El viejo Pinocho se cae… se cae para muchos que crecimos con él, como quien crece junto a su padre y llega a la adolescencia descubriendo las “pifias” del viejo. Y es que creo que la sicología social algo debería decir al respecto: Pinochet es el padre de una generación de chilenos: la mía, de los que tenemos entre veintitantos y treinta y tantos. Y con esto no quiero dar la razón a los adherentes, no estoy hablando del “Padre de la Patria”… estoy hablando en términos sicológicos (o seudo-sicológicos, porque no soy profesional del área).

Pinochet es la figura patriarcal por excelencia. Aquel que detenta el poder, hace lo que quiere, nos trata como niños… mimados y bienvenidos a su feudo los que estamos con él… castigados severamente los que se portan mal. Es la fuerza, es el ejército. Pero es el desequilibrio… toda fuerza necesita una contrafuerza. Todo poder requiere de una suavidad… y siento, que eso es lo que le sigue penando a Chile. No tenemos referentes sociales recientes con la contrafuerza necesaria.

Y ante la inexistencia de una contrafuerza de consistencia, espontáneamente se produce un polo opuesto algo degenerado. El maniqueísmo que tiene enfermo a Chile… debes ser taxativo: o eres pinochetista, o eres antipinochetista; o eres comunacho, o eres facho; o eres del colo, o eres de la chile; o eres punga o eres cuico; o eres macho o eres mina (gays no cuentan); o ves la teleserie del 7 o la del 13; o estás en el sistema o estás fuera de él. La enferma sociedad chilena no acepta matices. Y si los tienes… eres amarillo… no eres noticia, no eres atractivo, el sistema te bota… con suerte tendrás espacio en un pequeño circuito cerrado medio “under”. Y nuevamente surge un polo… y queda la cagá cuando se enfrenta al otro polo… y se da a conocer en el mundo entero, y no entienden por qué la celebración por la caída de un dictador termina con la Alameda hecha mierda.

No se entiende al punga que apedrea vitrinas. No se entiende al cuico que agrede a la periodista española. Ambos enajenados, recurriendo a la misma violencia que han criticado en “los del otro lado”. Un cuico dijo “¿Y para qué se pone ahí la española? Ella se lo buscó”. ¿Esgrimirá el mismo argumento cuando un flaite casi desnuca a un carabinero con un piedrazo? ¿Dirá que él se lo buscó?

La larva ya es un gusano… me corroe los huesos. Siento la violencia irracional de posiciones que nunca se entenderán. Siento el fanatismo que trata de ensalzar a Pinocho como si fuera O’Higgins, se habla de carreristas y o’higginistas pensando en que así serán las discusiones en torno al fallecido. ¿Olvidarán la diferencia de contextos? Y aunque así fuera, los únicos que mantienen esas disputas son unos pocos viejos intelectuales que gustan escribir cartas al director de El Mercurio, y se la pasan leyendo añejos libros de Historia, ¿Representatividad? Cero.

Se justifica la violencia de manera infantil: el otro empezó; él me pegó primero, papi; ellos mataron a 50.000, así que yo puedo matar 10.000 si quiero. Se ha muerto el “papi”, y no existe una “mami” que calme a los pendejos mal criados.

“Él es un humanoide come guaguas, así es que hay que eliminarlo”. “Él es inferior”. “Yo soy un skinhead superior, soy el mejor y me los paso a todos por la raja”. Saludos nazi al cadáver de Pinochet. Puto fanatismo que nos sigue llevando por el mismo camino del cóndor.



¿El cóndor? … claro, retomando lo que decía del modelo paternal de Pinochet, hace mucho que nos hace falta un modelo femenino. Y por favor… no hablo de la literalidad, no hablo de una mujer, menos de Bachelet. Hablo de los valores distintos, de la suavidad de un Padre Hurtado (por nombrar al único “famoso” que se me venga a la mente), de algún líder que salga del modelo tradicional de poder… cosa difícil, porque si no estás en el modelo, no existes para el mundo. Pero sí existen… existen muchos que trabajan por los demás, que hacen y quieren otros valores, son las hormigas que no vemos porque no son atractivos para la tele, tampoco son prácticos como políticos, porque no es su labor. Por lo tanto, parece que esta situación no tiene vuelta… no con este modelo económico, social y político. No se ven cambios a la vista, y no hablo de Lavín, hablo de cambios de verdad… esos que son de otra dimensión… de la dimensión poco práctica de la utopía, pero que quizás a la larga podría, en muchos años, rendir frutos. Y por eso… tal vez… no se requieren caudillos, más bien figuras desconocidas que cambien desde otro ángulo… desde otra dimensión social. ¿Será acertada mi intuición?

Pero nuevamente pregunto… ¿Por qué el cóndor? Es sencillamente porque estoy citando un lúcido texto de nuestra poetisa, Gabriela Mistral, “Menos cóndor y más huemul”, donde hace ya más de 80 años hablaba de estos temas. ¿En 80 años más seguiremos con la misma cantinela? Probablemente.

Siento que el parásito ha crecido tanto, que lo vomitaré como si expulsara un “Alien”. Tendrá forma de ave rapaz … podré mirarlo como se retuerce, repugnante… y espero en ese momento haberme deshecho de todo lo que no me gusta de Chile. Por eso… no quiero celebrar. Por eso… tengo pena de que haya muerto Papi, el Tata, el viejo culiao o como queramos llamarle. Por eso… tengo pena de toda la gente que murió antes que él.

La carne muerta la disfrutan los cóndores, que son los mismos de derecha e izquierda que seguirán recordando con amor u odio al Tata maldito. Por hoy, me quedo con los huemules… me han dicho que no tienen memoria; esa es la verdadera muerte, la que necesita el viejo para que deje de dividirnos.



El texto de Gabriela Mistral puedes verlo aquí

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando condenaron a Saddam, tampoco entendía la gente que salía a la calle con su rostro en un afiche improvisado para clamar justicia o para celebrar, pero creo que eso mismo, me hace entender y no entender al mismo tiempo, la impresionante tendencia de abrazar y disfrazar la atrocidad humana en nombre del "progreso".

Hoy nuestros problemas son otros, y nuestras esperanzas nos hacen soñar despiertos con otro tipo de sociedades. Imperios, muros, guerras frías, son un guión de película clase B. Hoy somos libres. Como seres humanos hemos pagado el precio con sangre por cada pedazo de libertad.

Alguien que pasó por esto, y tuvo otro destino, lo entendió bien y lo cantó: "Es el derecho de vivir en paz" (Victor Jara)

Anónimo dijo...

A todo esto. ¿Y cómo va el viaje? porque ese era el motivo de la página ¿o no?
=P

Rodrigo González Lillo dijo...

El motivo de la página es hablar de viajes y estadías.

Los viajes: las vacaciones entre el trabajo... los descubrimientos, nuevos lugares, fotos de turista y algunas de las otras.

Estas semanas no son semanas de viajes, son semanas de Estadías, las que invitan al otro viaje... el viaje interior, ése que hace reflexionar y replantearse algunas cosas.

Ambos viajes -y la estadía- van bien.

Saludos.

tlin dijo...

El otro día en un asado hice un inocente comentario a un amigo de Temuco, pinochetista, sobre todo lo acontecido. Estaba yo en el quehacer perrillero, dando vuelta la carne y mosqueban cuicos pechoños, que dando consejos del "manual del parrillero" querían apurar el asado. Sin más pronunciar la palabra Pinochet, el sequito de opus deis se avalanzó a hacer cometarios "y fuiste a la escuela mlitar?", "no. no pude", "eran 300.000 personas", "que exelente discurso el del nieto de pinochet". Mientras tanto me refugie en la parilla, enfrentando silenciosamente la apología de Pinochet que se tejía a mi alrededor.
Yo también crecí en familia pinochetista, sin embargo apenas pude pensar un poquito por mi mismo me pude empezar a dar cuenta de las cosas. Obiamente hoy no soy pinochetista, y quizás mi familia lo es menos que antes (si pinochet hubiese muerto hace 10 años quizas hubiesen hecho cola en la escuela militar, hoy, miran silenciosos las noticias en la TV)
Creo que, a pesar de las 50.000 o 60.000 o 300.000 personas que dijo un compañero taliban que despidieron al general, el pinochetismo está muy muy reducido. Sólo quedan quellos más fanáticos partidarios, entre ex miembros de las FF.AA., y la elite pechoña de siempre que ve en Pinochet al gran defensor de sus intereses históricos.
por lo que puedo testimoniar, los pinochetistas que ya no lo son, son familias que DE VERDAD, creian que pinochet los había salvado de algo malo y que no defendían grandes intereses porque en general son familias de clase media e incluso baja; y se han terminado de desayunar ahora todo lo que ha sucedido(los muertos, los toruturados, el dinero -sobre todo el dinero-).
Creo que es el caso de mi familia. A pesar de que no le tengo el cariño a Pinochet que mi mamá me inculcó, puedo entender y justificar su opción pinochetista y el tibio arrepentimiento que manifiestan hoy. Esta empatía me ha evitado discuciones y disgustos innecesarios. En mi casa, de esta manera, Pinochet está definitivamente muerto, y creo que no son pocos los hogares en que esto sucede de forma similar. Por supuesto que simpre quedarán estos vociferantes que son capaces de agredir a una mujer que trabaja, escupirla, ofenderla, manosearla,etc. Para ellos no queda otra que decir que son momios, fachos, pinochetistas de lo peor, e irremediablemetes facistas. Un caso perdido.

Por lo demás, creo que irremediablemte somos un país que valorará más al condor que a al huemul. Nuestra historia esta llena de condores: portales, o'higgins, carrera, alessandri, ibañez, pinochet y "last but no least" Ricardo Lagos. Quizas por ser un País de huachos es porque buscamos esta figura paternal y todopoderosa. La bachelet sería el primer "huemul" de nuestra historia... veremos como le va

François dijo...

Lo que falta a muchos pueblos del mundo es la confianza en la capacidad a regenerarse con generosidad. Los pueblos .... hasta los individuos. Con el tiempo y la menor experiencia que tengo del hombre, me parece que la idea inculcada, la evidencia porque el otro o el pariente dice lo mismo es un acto sin relexión propia y, de ende, una manera cómoda de no pensárselo mucho por sí acaso nos diese pena. O sea es la tentación de la facilidad, aunque sea irracional, pero para deshacerse del gusano.
El hombre es un animal : dominantes, dominados, supervivencia del individuo, supervivencia del grupo, supervivencia del individuo dentro del grupo ... En margen : ¿ exsiten otros modos de tejir lazos ? ¿ Se pueden dominar estos instintos ?

Chile, visto con distancia se parece a lo que pasó en España con la muerte de Franco. Este periodo, después de tantos años, sigue siendo tabú.
No existe reconciliación nacional, se oficializó la amnesia para salir en adelante. Pero la historia, con sus variaciones, puede repetirse. En mi familia, nunca, a pesar de que lo solicitara yo, se habló de la dictadura. El único fue el tío José, una semana antes de que muriera, dejando caer el puño sobre la mesa, con ojos de cristales :" Más pienso en ella, y más me digo que fue una venta." Los demás familiares se inmutan o lloran, hasta los primos que no experimentaron la época. El gusano no habla.

"No dejais de guardar los pies sobre la Tierra. Los hay quienes tienen la cabeza en las estrellas como la avestruz en la arena". Algo así dijo un filósofo.
Pues sí, la realidad es menos bonita, pero la realidad la tocamos y la regeneramos a cada instante : somos todos responsables, hasta las anónimas hormigas. Hay que ser generoso. Conozco a pocas personas que lo son verdaderamente (2), que tienen la fuerza para serlo. Yo, no. Lo sé, a veces lo logro pero son momentos. ¡ Lo intentaré de nuevo !

Carlos Ruckoldt dijo...

La analógia del parásito me recuerda el cuento "El Buitre" de Kafka, si no lo sacastede ahí deberías leerlo ya que es muy bueno y en realidad habla de lo mismo que dices tú en ru reflexión. Respecto a lo que dices, yo creo que en Chile somos tan buenos para mirar las cosas desde los polos precisamente como herencia de lo que paso hace 33 años, el país estaba en una situación crítica con la cual o estabas a facor o en contra, Pinochet la llevo al otro extremo con el cual tam poco hay muchas opciones para identificarse. Sin duda que alguien con mucho poder pasa a ser una figura relevante en todos los aspectos de las vidas de las personas, en general se puede esperar que alguién tan patente como un dictador sirva de objeto de identificación para los demás ya sea en términos de lo que uno quiere ser o de lo que uno odiaría ser...